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Sudán: territorio marcado por el conflicto

Sudán: territorio marcado por el conflicto

Desde la antigüedad, en la que era denominada Nubia, la región que actualmente comprende Sudán y Sudán del Sur, ha sido testigo de tornadizas regencias, razón por la que los que habitan estos territorios conforman una miscelánea de diversas culturas, creencias e ideologías.

Los llamados nubios, quienes adquirieron notoriedad en la burocracia faraónica, llevaron a cabo una separación del territorio en dos distritos; Wawat al norte y Kush al sur. Haciendo de éste, uno de los primeros registros históricos de la dicotomía del territorio, que se consolidará posteriormente en la historia.

El cristianismo, empezaría a extenderse por la región a partir del 300 d.C, los misioneros se retirarían en víspera de la invasión islámica establecida por la Dinastía Fatimida en el siglo VII. Pese a la influencia de la presencia musulmana, los nubios permanecieron siendo cristianos en su mayoría.

La expansión del Imperio Otomano puso fin al mandato fatimida. No obstante, hacia el siglo XV, consecuencia de las reiteradas incursiones de nómadas árabes, que saqueaban el territorio, los enfrentamientos entre estas últimas, los mamelucos y los otomanos, dejarían a Nubia asolada.

En los dos siglos siguientes, coincidiendo con el colapso de los reinos cristianos, tiene lugar una inmigración masiva de tribus árabes musulmanas, que constituirán la mayoría de la población del norte de Sudán.

En 1820, Mohamed Alí virrey de Egipto bajo dominio otomano, mandaría tropas en busca de oro y esclavos y tras hacerse con el control del territorio sudanés y establecer una burocracia centralizada de carácter impositivo en la ciudad Jartum, establecerá rutas comerciales, que protagonizarán el auge del tránsito en el territorio.

Como respuesta a los compromisos financieros de Egipto con Inglaterra y a la corrupción de los mandatarios egipcios, el general brillanico Charles Gordon es nombrado gobernador de Sudán en 1877 y se dispuso a instaurar una economía capitalista además de abocarse a garantizar el cumplimiento de la Convención de 1877 con la finalidad de acabar con el lucrativo comercio de esclavos.

En 1881, consecuencia de la disconformidad de los sudaneses con los impuestos y con la imposición de ideologías religiosas ajenas, tiene lugar una revuelta contra la autoridad liderada por el recién emergido líder espiritual sufí, Mohamed Ahmad. Tras tomar la ciudad de Jartum en 1885 y expulsar a Gordon, implantó una tecnocracia nacionalista.

El territorio del actual Sudán fue adjudicado al condominio anglo-egipcio en 1898, esto significa que fue nuevamente ocupado por las tropas de las autoridades egipcias bajo la intervención de la Corona Británica. A raíz de este suceso, se estableció lo que se denomina un régimen de distritos cerrados que impediría todo contacto entre las regiones del norte y del sur. Aunque cabe destacar que en los años siguientes a esta ocupación, hubo un desarrollo socioeconómico notable y además con tal de evitar los disturbios ocasionados por las creencias religiosas se otorgó libertad de culto. Figuras políticas claves, del periodo de guerra civil argumentan, que el régimen de distritos, acentúo las diferencias que posteriormente harán que estalle el conflicto.

Tras un periodo en el que Egipto trató de hacerse con el control de Sudán, pero que acabó con un acuerdo con Inglaterra para el autogobierno de Sudán, se conformaron los primeros partidos. Celebrándose en 1955 elecciones, en las que el Partido Nacional Unionista se hizo con una amplia mayoría.

Los cristianos habitantes del sur, a los que la Constitución establecida no otorgaba representación en la Asamblea iniciaron la guerra civil que se prolongaría hasta 1972. Sin embargo, Ibrahim Abbud tras su golpe de Estado en 1958, impondrá leyes islámicas ortodoxas así como la lengua árabe en la totalidad del territorio, oprimiendo aún más a la población del sur.

Durante los años siguientes, tendrán lugar más golpes de Estado, síntoma de la inestabilidad política y de la escalada de la guerra civil, mas en el 72, las conversaciones de paz de Addis Abeba pondrán fin a la guerra civil consagrando una administración autonómica a los pueblos cristianos del sur.

Un punto de inflexión fue cuando en 1978 se halla petróleo en Bentiu al Sur de Sudán, hecho que añadido a la imposición de la ley shariah por parte de Numeiri, impulsaría nuevamente al país a la guerra civil.

Numeiri es derrogado y en el 86 se convocan elecciones generales, en las que se forma un gobierno de coalición liderado por Sadip al-Mahdi, aunque el conflicto no amaina y las víctimas de la violencia y el hambre no cesan de aumentar. Tres años después una vez más, el gobierno es derrocado por el brazo armado del Ejército Popular de Liberación del Sudán, el general Omar al-Bashir tras disolver el gobierno estableció una junta cívico militar con el respaldo del rebautizado Partido el Congreso Nacional.

En 1995, habiéndose cobrado la guerra ya más de un millón de vidas y llevando a tres millones a tener que refugiarse en países vecinos, African Rights, acusa al gobierno de Jartum del genocidio de los nubios. La acción por parte de E.E.U.U. llegaría, al descubrirse que a principios de los 90, que Sudán había amparado a Osama Bin Laden. A finales de la década, bajo la acusación de apoyar el terrorismo internacional, la potencia mundial anunció un embargo económico y bombardeó una planta química en Khartoum, alegando que esta estaba siendo empleada para crear armamento químico.

En el cambio de milenio, el presidente al-Bashir disuelve la Asamblea Nacional y declara el estado de emergencia, producto de la lucha de poder contra Hassan al-Turabi. Como resultado de la presión de las sanciones de E.E.U.U. y de otras organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, Jartum afirmó en 2001 la liberación de las de 14.500 esclavos, negros en sus mayoría.

En el siguiente año, el gobierno y el SPLA firman un acuerdo de alto al fuego, las conversaciones en Kenya entre el gobierno y los rebeldes del sur de Sudán, ponen fin a 19 años de guerra civil, en la cual la cifra de muertes superaba ya los dos millones de personas. A su vez, E.E.U.U.  que consideraba el acceso al petróleo africano un “asunto de interés nacional”, amenaza con triplicar el apoyo económico al SPLA así como mantener el embargo al país, si este no alcanza la paz en marzo de 2003.

En ese mismo año, comienza el revuelo en la región de Darfur alegando que Jartum no vela por el bienestar de la región, a lo que el gobierno de Jartum responderá con acción militar, forzando a los habitantes de Darfur a refugiarse en Chad, pues las fuerzas del gobierno ejecutaban de manera sistemática a aquellos habitantes de Darfur que no fuesen árabes. Ante este hecho, las Naciones Unidas denuncia, que no se están cumpliendo los objetivos de pacificación y el Secretario de Estado de E.E.U.U en ese momento, Colin Powell, define las matanzas de Darfur, como genocidio.

En el 2005, por primera vez,  Sudaán del sur adquiere una cierta autonomía, John Garang es nombrado vicepresidente en el gobierno compartido establecido en Jartum, pero tras la muerte de este en un accidente aéreo, le sustituye Salva Kiir, actual presidente de la República de Sudán del Sur. Sin embargo, los enfrentamientos y la violencia hostil especialmente, con respecto a Darfur continuarán en los años siguientes. Una de las principales razones de disputa entre el presidente Bashir y el líder del Sur Salva Kiir, será la localidad de Abyei debido a su riqueza en petróleo, por lo que para resolverla, recurrirán al arbitraje internacional. La respuesta de las Cortes Criminales Internacionales, será la imputación de Bashir por los crímenes de guerra  y el genocidio en Darfur, la acusación es rechazada.

A pesar de las exigencias de alto el fuego por parte del presidente Bashir, Darfur, se niega a cesar la lucha hasta lograr el reparto de poder y fondos en la zona. El líder islámico Hassan al-Turabi es detenido en 2009 tras declarar que el Presidente Bashir debería entregarse y aceptar sus cargos por los crímenes de guerra en Darfur. En marzo de ese año las Cortes Criminales Internacionales expiden una orden de arresto contra el Presidente Bashir por crímenes de guerra y contra la humanidad en Darfur.

A finales de año, los líderes del Norte y el Sur llegan a una acuerdo con respecto a los términos para el referéndum sobre la independencia del Sur que se celebrará en el 2011, en el que la población votará por la independencia total con respecto al norte.

No obstante, a pesar de lograr la perseguida independencia, la violencia, el hambre y la miseria permanecerán destacando por encima de un gobierno democrático.

En 2013, los conflictos éticos impulsarán la división de la recién nacida República de Sudán. Su presidente Salva Kiir, de etnia Dinka, expulsó a Riek Machar de su gobierno: líder opositor, segundo al mando y miembro de la etnia Nuer. Esta dualidad cultural, incita al país a mantenerse en un constante estado de guerra intermitente, que sigue cobrándose vidas y causando éxodos, pobreza y miseria a la población. Los enfrentamientos entre el ejército rebelde y el ejército oficialista ha derivado en prácticas de abuso contra los derechos humanos, como ataques a hospitales y escuelas, quema de personas vivas, incluyendo menores; canibalismo tribial y violaciones masivas y sistemáticas como salario a los soldados cuando al gobierno se le acaba el dinero para pagar a sus propios militares.

Actualmente se habla de un proyecto Gobierno de Unidad, que estipula la creación de un Tribunal para Sudán del Sur, con el mandato de investigar y de enjuiciar el genocidio y los malos tratos. Los responsables del estallido social en el país, su presidente Salva Kiir y su vicepresidente Riek Machar, de nuevo mandan. Nadie espera que dicho Tribunal vea la luz.

A lo largo de su historia, el territorio de Sudán ha sido testigo de innumerables actos de violencia. Partiendo de la primera y la segunda guerra civil que duraron 22 años y acabaron con la vida de más de dos millones de personas, sumiendo al territorio en la desolación y la miseria, particularmente en el Sur, donde no solo se ha centrado el desarrollo del conflicto sino que sus habitantes han soportado, opresión e innumerables actos genocidio.

La guerra racial en Darfur, cuya cifra de muertos aunque no se conoce con certeza se aproxima a los 400.000 muertos, un conflicto descrito como un genocidio.

Y en la República de Sudán del Sur desde 2013 ya han perecido más de 50.000 personas, más de dos millones se hallan desplazados y unos 600.000 han recurrido a exiliar el país en busca de asilo.

El respeto por la vida humana en estos territorios es mínimo, las organizaciones humanitarias denuncian violaciones constantes de los derechos humanos, torturas y violencia. Lo que actualmente sucede en este territorio, es una especie de prórroga de los muchos años de violencia que arrastran en sus trayectoria. Sin lugar a dudas, el territorio que hoy en día comprende Sudán y Sudán del Sur, ha presenciado una las mayores y más prolongadas masacres de nuestra historia.

Liam Alexandra Aronow Calvo-Healy

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