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De la importancia de diferenciar Covid 19 y crisis medioambiental

Calles vacías, aire limpio y delfines en los puertos, el Coronavirus parece haber transformado nuestras ciudades en una realidad alternativa. Pero obviamente esta realidad climática es temporal.

Presente en 174 países y territorios a través del mundo, el Coronavirus, se ha convertido en una pandemia a nivel global, con más de 15.000 muertes hoy en dia. Con más de 9.000 casos, Europa es el epicentro de la epidemia. Para contener la epidemia, muchos países del mundo han adoptado medidas de restricción de salida y contención para vencer al virus. Pero, las acciones contra esta enfermedad no son solamente sociales. Italia, con la decisión del gobierno de restringir las actividades económicas, es el primer país a parar sus fábricas para preservar a su población. Este acto, ya necesario, permite cuestionar el enlace entre salud, economía y gobierno a escala internacional. El Coronavirus es una crisis con consecuencias globales sí, pero no solamente sobre la salud de los habitantes de nuestro planeta.

Con una crisis tan importante, conocer mejor los efectos del Coronavirus es un reto para la investigación científica, nunca antes la ciencia ha avanzado tan rápidamente en el conocimiento de un agente infeccioso y con tanta coordinación entre los países. Pero algunas personas se aprovechan de esta crisis para sus propios intereses. Sean las compañías de mascarillas, que se benefician enormemente de esta crisis, o personas sobre las redes sociales. En una emisión de radio, France Culture subraya el hecho de que quieren crear una cierta pánica tras imágenes muy gráficas, frases alarmistas y apoyándose sobre la retórica científica para dar más peso a sus palabras. En estos tiempos de incertidumbre, más que nunca mostrar la diferencia entre periodismo, comunicación política y pura manipulación parece relevante.

Las medidas tomadas por los gobiernos para frenar los contagios a raíz del brote de coronavirus han sido diversas, destacando entre ellas la cuarentena la cual ha provocado una disminución del tránsito vehicular y una baja en la producción de las fábricas. Estos dos acontecimientos han tenido consecuencias favorables para el medio ambiente ya que según imágenes vía satélites de la NASA, difundidas por el medio televisivo France 24, en febrero se registró una caída de los niveles de Nitrógeno (No2) en Wuhan, China. Pasando de un indicador que solía encontrarse en rojo o naranja a uno azul, calificando así una mejor calidad de aire. Este hecho es constatado por el informe del Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China, el cual indicó que los niveles de aire de buena calidad habían aumentado en un 21,5% en este período de confinamiento.

Asimismo, Vincent-Herni Peuch, integrante del programa ambiental Copérnico de la Unión Europea, mencionó que el (No2) es un gas que permanece poco tiempo en la atmósfera por lo que suele concentrarse en la área próxima de su emisión. Es así que logra explicar que los niveles de contaminación en el aire del norte de Italia llegaron a reducirse a la mitad debido a la cuarentena y a la poca movilización.

Por otro lado, la organización Nature Climate Change en su investigación publicada en 2018 confirmó que la movilizaciones (terrestres y sobre todo aéreas) causadas por el turismo, constituyen aproximadamente el 8% de las emisiones de carbono a nivel mundial. Frente a esto, una infografía del diario “The New Yorker” reveló que en el período desde el 23 de enero al 13 de febrero, el tráfico aéreo en China había disminuido, y por ende, la entrada y salía de aviones cayó de 15. 000 a 2.000.

Refiriéndose a España, la Agencia Ambiental Europea (EEA) declaró que ciudades como Madrid y Barcelona también presentaron niveles bajos de contaminación, similares a los de Italia, desde mediados de marzo a causa del confinamiento. En la actualidad, los niveles de Nitrógeno en ambas ciudades apenas se encuentran en el 40% por ciento del límite establecido por la Organización Mundial de la Salud y La Unión Europea, lo cual representaría 16 microgramos de No2 por metro cúbico.
Gracias a este evento histórico, varias empresas han multiplicado su uso del teletrabajo y de las teleconferencias. Quizás sea una manera de llevar las empresas a abandonar su consideración tradicional del trabajo, para adoptar costumbres que emitan menos gases de efecto invernadero. Hace ya unos años que grandes y pequeñas empresas han optado por esta opción, sobre todo las que están relacionado con el sector tecnológico. Pero el brote de Coronavirus han forzado estas mismas empresas a alargar este periodo de teletrabajo, y de momento es permanente. Así pues, tras haber analizado los inconvenientes y las cualidades de este sistema, puede que las empresas valoren aún más la posibilidad de dejar sus empleados desde sus propias casas. Una alternativa saludable desde un punto de vista ecológico.

Sin embargo, según el artículo de Concepcion Alvarez la pausa en las emisiones de gases de efecto invernadero sólo podría ser de corta duración en la medida en que hay voces que piensan que las medidas climáticas podrían frenar la recuperación económica posterior a la crisis. François Gemenne, investigador en ciencias políticas y miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GICC), pone de relieve que estamos en la misma dinámica que en 2008 cuando la crisis financiera superó todo los otros temas y llevó a un fracaso del Protocolo de Kyoto. Por ejemplo, Varsovia exige que el mercado de cuotas de CO2 se suspenda a partir de 2021, según un ministro polaco: “los países necesitarán dinero para ayudar a las empresas”. Sin embargo, el año 2020 es un año crucial. Se espera que la COP15 para la biodiversidad en China en octubre establezca nuevos objetivos globales, mientras que la COP26 para el clima en el Reino Unido en noviembre se espera que resulte en un cambio en las ambiciones de los países en materia de emisiones. Pero, por el momento, se han aplazado las reuniones preparatorias del Marco Mundial para la Diversidad Biológica previstas para mayo en Montreal.

Para el investigador británico Joeri Rogelj “la reducción de las emisiones debidas al coronavirus no son estructurales. Desaparecerán en cuanto el transporte de productos y de personas empezara de nuevo, después de la epidemia”. Como lo hemos dicho anteriormente, los estados han previsto unos planes para estimular la economía después de este periodo vacío. El Banco Central Americano (FED) a bajado drásticamente sus tasas, algo que no ha ocurrido desde 2008. China también tiene un plan de apoyo económico, que consiste en flexibilizar los créditos de las Pequeñas y Medianas Empresas (PIMES). El embajador de Greenpeace en China, Li Shuo, considera que “estas medidas, que pertenecen a los años 90 son inconcebibles en 2020”. Estos dos países son los dos primeros emisores de gases a efectos invernaderos, por lo cual un incremento de producción después de la resolución de la crisis supondría crear una contaminación todavía más importante y dañina que la de hace unos meses.

Aunque el impacto de esta crisis sobre el medio-ambiente de nuestro planeta no es tan importante como se podría creer al principio, pone de relieve la posibilidad para los estados de unirse frente a un peligro inminente, como puede ser el cambio climático, y tomar medidas urgentes, radicales y costosas. Podemos pensar que si los gobiernos no resuelven la crisis climática y medioambiental es en parte porque la opinión pública no las ve como algo urgente e inminente. Tal vez, descubrir la vida en ciudades menos contaminadas animará a la gente a hacerse las preguntas correctas y actuar en consecuencia.

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