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El papel de Europa en las migraciones en plena crisis pandémica

Migrantes en Europa/Seita – Shutterstock

A lo largo de la historia se han producido numerosas migraciones y movimientos poblacionales. Antiguamente estos estaban motivados principalmente por el comercio y las guerras, y en la actualidad la mayoría están causados por situaciones de extrema pobreza y cambio climático, entre otras cosas. Sin embargo, una característica común que tienen todos ellos es que los seres humanos siempre llevan consigo sus propios patógenos, desplazándolos a otros lugares de la tierra y produciendo nuevos focos de enfermedades. 

Actualmente, este tipo de “virus andante” se hace cada vez más complicado de frenar ya que ponen a toda la población en riesgo. Por ello, lo más importante que una sociedad globalizada debe llevar a cabo es poder pensar a grande escala sobre la salud global y adoptar tanto medidas locales como internacionales. El mayor riesgo actual es la expansión del conocidísimo coronavirus a través de estos movimientos poblacionales donde no solamente afecta a una parte de la población sino a toda una sociedad llevándose consigo a millones de muertos por todo el mundo. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Una persona puede contraer la COVID‑19 por contacto con otra que esté infectada por el virus. La enfermedad se propaga principalmente de persona a persona a través de las gotículas que salen despedidas de la nariz o la boca de una persona infectada al toser, estornudar o hablar”. Por lo consiguiente, su forma de propagación es altamente contagiosa y más si se trata de unos movimientos migratorios donde no existen ningún tipo de medidas de seguridad sanitarias. Además, queda totalmente impensable el hecho de que estas personas puedan procurarse tener mascarillas, guantes o cualquier tipo de gel sanitario con el fin de eliminar las bacterias. 

A pesar de esta situación insufrible, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIMT) recuerdan a todos los países que los migrantes deben tener acceso a la salud y deben ser tratados como cualquier otro ciudadano en esta emergencia. El portavoz de la OIMT realizó una serie de declaraciones sobre este mismo tema a finales del pasado mes de marzo: “Hemos visto esto con el SIDA en décadas pasadas y la tuberculosis, incluso vemos que a menudo se usa en todo el mundo. Los países siempre asocian a los migrantes con un aumento de la tuberculosis, por ejemplo. Esto no solo demoniza a los migrantes, sino que pone en riesgo a sus ciudadanos. Los migrantes por miedo evitan ir al hospital, o si van no los atienden, y esto es malo para todos”.

Esta misma Organización aseguró que las medidas que se toman para controlar el coronavirus están afectando a los migrantes de todo el mundo y por ello hay muchos países que han empezado a tomar cartas sobre este asunto internacional. A finales del mes de marzo la Unión Europea decidió cerrar sus fronteras por primera vez en su historia y no dejará entrar a ciudadanos de terceros países. Según el presidente del Consejo Europeo de Charles Michel: “Hemos acordado adoptar una decisión coordinada para restringir los viajes no esenciales a la UE durante 30 días”.

Hoy en día, las fronteras ya se han abierto pero el libre tránsito entre la Unión Europea sigue yendo a paso de hormigas porque sus instituciones intergubernamentales como el Consejo Europeo tienen más peso que las supranacionales, es decir la Comisión y el Parlamento (Benedicto/02/06/2020). Sin embargo, esta crisis afectará a la salud de todos los ciudadanos tanto de los 27 Estados miembros como a sus economías interconectadas. Ante esta incómoda situación del coronavirus y de emergencia económica, el Consejo Europeo solicitó un fondo de reconstrucción de 540 000 millones de euros que debería operar a partir de junio de 2020.

Finalmente, la pandemia global de la COVID-19 se asentará entre la población durante bastante tiempo hasta que no encontremos una cura eficaz y económicamente posible de obtener. Posiblemente, otras pandemias y desastres naturales lleguen a afectarnos y debido a ello, la Unión Europea tiene que estar preparada para poder superar cualquier brecha que se interponga en su camino político, social y económico. Tiene que ser un ejemplo que seguir para coordinar al resto de países con acciones eficaces y solidarias, apuntando hacia un futuro donde no caiga la economía tras esta enorme crisis que estamos empezando a sufrir sus consecuencias.

Solenn Le Lous Arijón

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