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Los aranceles, un nuevo argumento en la guerra económica entre EE.UU. y China

Cumbre económica EEUU-China. Fuente: HispanTV

Contexto económico
Estados Unidos posee el mayor poder económico del mundo, por delante de su rival China, y desde hace unos años se encuentra en un proceso de regeneración desde el colapso económico provocado por la última crisis financiera. No obstante, su autosuficiencia en muchas parcelas del mundo comercial hacen que siga siendo la primera economía mundial.

Una de las características esenciales del programa del presidente Trump es su deseo de reforzar el proteccionismo. La deuda pública sigue siendo elevada (cerca de 108% del PIB) y seguirá creciendo. El valor del dólar y el débil crecimiento de las economías europeas afectan a las exportaciones, lo que alimenta un déficit cada vez mayor. En un contexto de regreso de la inflación, el banco central americano proseguirá con las medidas del presidente Trump en cuanto a la política monetaria.

China es la segunda potencia económica del mundo, el primer exportador y posee las reservas de cambio más elevadas. La recesión mundial de 2009 interrumpió el ritmo de crecimiento constante que había emprendido el país, y se manifestaron los límites de un crecimiento enfocado esencialmente en las exportaciones. El consumo sigue débil y la baja del yuan con respecto al dólar implica una fuga de capitales. Las reservas de cambio del banco central disminuyen, lo que ha llevado a las autoridades a recurrir al control de las inversiones. La calidad de los activos bancarios se degrada y esta tendencia es subestimada debido a la importancia de la banca en la sombra.

El partido comunista PCC, actualmente en el gobierno, lleva en marcha un plan desde 2013 para la evolución del país con el objetivo de legar a 2020 como la mayor potencia mundial. Este incluye: avances políticos como el cierre de los centros de trabajos forzados; la flexibilización de la política del hijo único; el acceso a los servicios públicos por los ciudadanos; la reforma del acceso a bienes raíces para facilitar la venta de tierras agrícolas para los campesinos; la liberalización de las tasas de interés y la apertura progresiva de las transacciones financieras; y la reforma de las empresas de Estado. El plan quinquenal 2016-2020 prevé un crecimiento de un 6,5% y el gobierno ha previsto un presupuesto con déficit de 3% en 2016 para financiar reducciones fiscales para las empresas y un vasto programa de inversión en infraestructuras.

No obstante, todavía existen grandes diferencias entre los niveles de vida de la ciudad y el campo, entre las zonas urbanas de las costas de China, así como entre las clases medias urbanas y los olvidados por el crecimiento. Si bien la pobreza ha disminuido considerablemente en China, casi el 10% de la población (esto es, más de 120 millones de personas), vive con menos de 1 dólar al día.

 

Economía occidental ante economía oriental

La rivalidad financiera entre estas dos grandes potencias tiene como objetivo definitivo el alcanzar el puesto de primera potencia mundial, que ha ocupado Estados Unidos en las últimas décadas. El decrecimiento del poder económico norteamericano ha provocado que sus principales competidores como China o Rusia hayan recortado diferencias en esa carrera por ser la potencia dominante en el panorama económico mundial.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha acrecentado el interés de países como China por superar a la economía norteamericana. El cambio radical de las medidas tomadas por Trump en comparación con las de Obama, ha hecho que Estados Unidos apueste más por una política proteccionista basada en el autoabastecimiento más que en la tendencia habitual del libre comercio. El PIB estadounidense creció en 2015 a algo más de un 2,5%, pero en 2016 bajó bruscamente, teniendo el año pasado un ligero repunte que no terminó de recuperar las buenas cifras iniciales. La dificultad para llevar a cabo algunas de las medidas del nuevo presidente americano ha provocado que la economía del país no termine de despegar. Trump ha apostado por regresar a un escenario que recuerda a esos Estados Unidos clásicos que tenían sus fábricas como referencia en la producción nacional y que buscaba incentivar el trabajo propio antes que el comercio con otras potencias globales.

La economía norteamericana se basa levemente en el sector agrícola, combinado con las nuevas tecnologías que ayudan al proceso de recolección y a la venta de productos como la soja o el maíz. Su PIB tiene una fuerte influencia de la industrialización (aproximadamente un 20%), más todavía en estos últimos años con la apuesta de Donald Trump por este tipo de políticas económicas. Los sectores químicos y de maquinaria industrial son las fuentes más importantes. Pese a todo, y como ocurre actualmente en muchos países, el sector servicios es el que verdaderamente se posiciona como el pilar fundamental de la economía estadounidense, representando un alto porcentaje del PIB.

Por otro lado, la economía china se ha convertido en el principal competidor de Estados Unidos. Muchos expertos afirman ya que China es la primera potencia mundial o que en breve tiempo lo será. Desde 2016 su economía ha sufrido una ralentización, pero pese a todo sigue ocupando los primeros puestos. Los sectores de la manufactura y del proceso agrícola componen gran parte de la economía china. La enorme población del país hace que casi un tercio de ella (la población activa) se dedique al sector de la agricultura. La minería también desempeña un papel clave en su crecimiento, lo que le convierte en un país primordial en la distribución de minerales como el estaño o el hierro. Su principal fuente de contribución al PIB es el sector secundario. La construcción y la manufactura generar la mitad su PIB, y su bajo coste generalizado le proporciona unas ganancias amplias. El sector terciario se ha quedado algo rezagado y no tiene un impacto tan fuerte como ocurre en otros estados, aunque sigue siendo muy importante. Además, uno de los puntos clave en esta guerra comercial entre Estados Unidos y China es que el país oriental tiene adquirida una gran parte de la deuda estadounidense, por lo que tiene un gran poder a la hora de provocar fluctuaciones en la economía norteamericana y poder frenarla en beneficio propio. Al poseer algo menos del 20%  de su deuda, pueden controlar más el desarrollo económico de Estados Unidos, y por ello se considera que son o serán en poco tiempo la primera potencia mundial.

Conflicto entre países

El último conflicto en la guerra económica entre estos dos países y principal motivo de este reportaje se encuentra en la denuncia por parte del gobierno chino a los Estados Unidos ante la OMC. El gobierno chino se encuentra en descontento con Estados Unidos por el cambio en las políticas arancelarias y el aumento de los impuestos en ciertos materiales sobre los que China es el más importante exportador.

Denuncian ante la Organización Mundial del Comercio los aumentos en los aranceles del 25 % y del 10 % que Washington ha impuesto a determinados productos de acero y de aluminio procedentes del país asiático. En su denuncia entregada a los países miembros de la OMC, China pide consultas con EEUU para resolver la disputa sobre los aranceles a las importaciones, pues entiende que la medida viola varios puntos del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) de 1994. Según la OMC en un comunicado: “China ha solicitado consultas con EEUU bajo el Mecanismo de Resolución de disputas de la OMC con respecto a las medidas arancelarias sobre sus bienes”. Estos hechos no se ajustan a las conclusiones alcanzadas en el GATT, un acuerdo en el que los países participantes se firman las bases del comercio internacional, firmado por primera vez en 1947 y actualizado por última vez en 1994.

La industria del acero y el aluminio está entre los sectores de la economía china en los que la oferta excede a la demanda, señala la agencia AP. Los socios comerciales de Beijing se quejan de que sus empresas exportan el excedente a precios muy bajos, poniendo en riesgo empleos en Estados Unidos y Europa. Estados Unidos adquiere poco acero y aluminio a China tras un aumento arancelario previo que buscaba compensar lo que según Washington eran subsidios inapropiados a productores.

El pasado 23 de marzo, China hizo pública una lista de productos estadounidenses valorados en 3.000 millones de dólares, que incluye cerdo, manzanas y tubos de acero, sobre la que se incrementarían los aranceles si Trump no alcanza un acuerdo para sellar la disputa sobre el acero y el aluminio.

No obstante el presidente Trump contratacó dejando estos aranceles en el 25%, un porcentaje que superaría los 60.000 millones de euros, bloqueando así el comercio con el país nipón y culpándolos del robo de tecnología y del déficit. Desde la casa Blanca instan a que Europa se sume a esta batalla alegando que se están defendiendo de la “invasión económica” a la que China los está sometiendo.

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Donald Trump antes de la reunión con Xi Jinping.  Fuente: HispanTV

Este conflicto abre así una nueva barrera entre los países, declarando así un choque económico por soportar el peso monetario del mundo. Desde China alegan los bloqueos Estadounidenses, y desde E.E.U.U. la legítima defensa ante una economía asiática que parece intentar abrir el proteccionismo del presidente Trump.

Puntos de vista de uno y otro bloque    

El primer ministro chino, Li Keqiang, se reunió con Elaine Chao, secretaria de transporte norteamericana, para negociar y poner freno a esta guerra comercial. Li afirmó que “no hay un ganador en el conflicto comercial, que además no solo afectaría a todo el mundo, sino también a la industria global”. Añadió que “la comunidad internacional espera que esto no ocurra”.

“China está lista para iniciar una cooperación con Estados Unidos para el transporte”, afirmó Li Keqiang.

Desde el otro lado del charco, Donald Trump ha querido también tomar la palabra sobre el conflicto. “No existe una guerra comercial con China. Esa guerra se perdió hace años por culpa de los representantes estadounidenses”, afirmó vía Twitter. Tras el suceso del acero y el aluminio, el presidente norteamericano aseguró que “cuando un país pierde miles de millones de dólares en comercio con casi todos los países con los que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. El portazo de Trump a los intentos de negocio de China complican el fin de la guerra comercial.

El presidente chino, Xi Jinping, aseguró recientemente a los medios que su política apuesta por no seguir con una guerra comercial y lastrar la economía de otros países. “Independientemente de los logros de China en su desarrollo, nunca amenazaremos a nadie con el fin de socavar el sistema mundial vigente o de expandir nuestra zona de influencia”, comentó.

Posibles consecuencias del choque económico

Siempre es complicado poder aportar una visión futura sobre las economías globales, ya que no siempre toman un rumbo esperado y pueden variar. La política proteccionista de Estados Unidos ha provocado que China contrataque con aranceles a los productos norteamericanos, lo que se puede considerar como el inicio de esta llamada guerra comercial. Estos movimientos se pueden asemejar a una partida de ajedrez, donde cada jugada requiere un tiempo de reflexión, algo que ha hecho China al plantear los aranceles sobre Estados Unidos. Una de las posibles consecuencias de esta guerra comercial puede residir en los productos agrícolas como la soja y el sector primario norteamericano. China tiene un consumo elevado de este producto y podría ser uno de los primeros frentes en abrirse. Por otro lado, China, al igual que Japón, posee un alto porcentaje de los bonos del tesoro americanos, por lo que a largo plazo podría ser otro de los movimientos que efectuase el gigante asiático para poder dañar el dólar.

Estados Unidos podría atacar de algún modo el sector de la manufactura chino, provocando graves pérdidas en su economía. La mano de obra barata en China podría terminar frenando la producción de elementos tecnológicos que a día de hoy se generar a bajo coste y tienen una distribución mundial. Además, otro de los aspectos económicos que no es demasiado tratado en esta guerra comercial es la aparición de las criptomonedas. Su valor tan variable y la falta de leyes sobre el comercio con este tipo de monedas han llevado a China a cerrar mercados de intercambio de Bitcoin. Este dinero virtual podría ser utilizado para desestabilizar las economías de uno y otro bloque, por eso mismo son los estados los que quieren poner freno a esta clase de comercio que hasta hace poco no estaba sujeto a impuestos ni a una legalidad real.

 

Cristo Cardoso y Víctor Sánchez

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