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Migraciones en tiempos de pandemia

En las últimas semanas estamos viendo cómo la repercusión de la actual crisis sanitaria se va extendiendo paulatinamente a todos los ámbitos de la organización de nuestra vida social. Los flujos migratorios no podían ser, en este sentido, una excepción. ¿Cómo está afectando esta crisis sanitaria a los asuntos relacionados con las migraciones en el continente europeo – a los flujos propiamente dichos, a las políticas en marcha, a los migrantes ya asentados en ella o a la espera de poder entrar?

Para poder responder razonablemente a esta pregunta, hemos revisado el contenido de las informaciones publicadas sobre el tema entre la segunda quincena de marzo y a lo largo de todo el mes de abril, con el objeto de señalar las tendencias más significativas

1. Disminución de la entrada de extranjeros. La Agencia Europea de Fronteras informaba de que la llegada de inmigrantes en situación irregular al continente durante el mes de marzo se había reducido a la mitad con respecto a febrero. En el caso concreto de España, debido sobre todo a la reducción del número de vuelos, las peticiones de asilo cayeron en marzo un 44% con relación al mes anterior (14.633 en febrero frente a 8.119 en marzo). La llegada de embarcaciones a través del Mediterráneo ha pasado a ser testimonial (las medidas de aislamiento y confinamiento tomadas en Marruecos y España han sido decisivas al respecto), y el flujo de las que se dirigen a las islas Canarias se ha ralentizado, aunque no cesado del todo. 

2. Despliegue de las políticas migratorias comunes. Otra consecuencia de la crisis podemos verla en la mayor dificultad para ejecutar las políticas migratorias comunes, concretamente tanto las que atañen a las operaciones de llegada y reparto de refugiados (la propia Comisión confirmó en la tercera semana de abril que la pandemia estaba teniendo “consecuencias directas” en los mecanismos de asilo previstos), como las referidas al retorno de los inmigrantes que se encuentran en situación irregular a sus países de procedencia, ambas seriamente comprometidas por el cierre de fronteras y la reducción del tráfico aéreo. 

En lo relativo al retorno, desde el Consejo de Europa se instó a los Estados miembros a liberar a los inmigrantes retenidos en centros de acogida mientras durara la crisis, pues la retención solo tiene sentido si el retorno a sus países de origen puede producirse, lo que en las circunstancias actuales no es viable. Varios países europeos (España entre ellos) han puesto en práctica esta liberación.  

3. La crisis sanitaria ha puesto también en evidencia las difíciles condiciones de vida de los inmigrantes ya asentados en el territorio de la UE. En el caso concreto de España, los empleos poco estables, las pobres condiciones de las viviendas en que habitan o la situación irregular de muchos de ellos, hacen que sean colectivos muy vulnerables en situaciones críticas. Igualmente, se ha puesto de manifiesto la utilidad de muchas de las actividades que desempeñan, como el cuidado de las personas mayores o las labores de recolección en el campo. En el ámbito europeo, se ha señalado la necesidad que tienen los sistemas de salud de los países desarrollados de inmigrantes cualificados en las profesiones de la salud.

En este aspecto concreto, ha llamado la atención (quizás por el descaro con que en algunos casos ha sido explicitada) la supresión de los obstáculos administrativos y legales (hasta hace nada “insalvables”) en determinados países para atraer a los inmigrantes profesionales del área sanitaria. Como se ha señalado desde algunos medios, esta crisis podría tener el efecto positivo de replantear las condiciones de vida de los inmigrantes ya asentados en nuestro país, facilitando su integración y reconociendo de manera decidida su contribución a la sociedad.   

4. Por último, otro de los aspectos objeto de atención en la crisis sanitaria actual es el de la situación en los campos de refugiados. La mayor concentración de refugiados en suelo europeo se encuentra en las islas griegas del mar Egeo. En una de ellas, Lesbos, se encuentra Moria, el mayor campo de refugiados de la UE, que acoge a unas 20.000 personas. Médicos sin Fronteras ha estado informando de la situación que se vive allí, ya insostenible antes de la pandemia y, en las circunstancias actuales (cuando la higiene y la distancia corporal son imprescindibles), imposible de gestionar. De ahí la petición de varias organizaciones internacionales para que este y los demás campos sean evacuados de manera urgente.  

Luis Guerra, catedrático de Lengua Española en la Universidad Europea de Madrid, es uno de los investigadores principales del proyecto INMIGRA3-CM, financiado por la Comunidad de Madrid y el Fondo Social Europeo 

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