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La visita del Rey

La centenaria relación entre España y América desborda en términos históricos la de cualquier otra nación europea. Colón, De las Casas y Vitoria están en los orígenes de la compleja incorporación del continente americano a la modernidad y a la posterior disputa entre potencias europeas por el dominio de los territorios, para su colonización. A partir de entonces, el atlantismo empieza a constituirse como una estrategia imprescindible para afrontar una nueva visión universal de la humanidad, en la cual todo el conocimiento sería posible tras producirse el hecho determinante de que todo el mundo pudiera ser conocido. Las revoluciones liberales, también denominadas atlánticas, orientaron el sentido del conocimiento hacia el inestable camino del progreso de las libertades políticas y la igualdad de las personas ante la ley. Por este camino sangriento y tortuoso la historia batalló dolorosamente para convertir lo que había sido imaginable en certeza, y las aspiraciones individuales y colectivas en derechos. La democracia pervive hoy en un mundo globalizado donde el orden liberal parece mutar hacia otro orden, indefinido aún, pero denominado ya como el de la “competencia estratégica” entre potencias. 

España y Estados Unidos se han esforzado por reescribir la historia común a partir de vínculos establecidos desde el respeto por los derechos humanos, la expansión de las libertades, el compromiso con la seguridad y la defensa de los valores democráticos. Desde hace décadas los intereses de ambos países y el entendimiento entre ambas sociedades han construido un marco de colaboración sólido y unas alianzas fiables cuyas repercusiones dotan de extraordinarias capacidades en términos de seguridad y cooperación al conjunto de las relaciones internacionales. Al mundo, en definitiva. Ahora más desconocido y desconcertante aún de lo que lo fue, ante el desarrollo tecnológico propiciado por la cuarta revolución industrial, la imprevisibilidad de la comunicación 5G, los efectos del cambio climático, la inestabilidad social y política, la globalización comercial y, lamentablemente también, del crimen y la enfermedad. 

Gracias al progreso de la democracia y al compromiso europeo y atlántico de nuestro país, España ha desarrollado un sistema de representación exterior en el que la Corona, sujeta a la Constitución y a la soberanía del pueblo español y dirigida desde los órganos competentes del gobierno, ejerce como una institución activa y capaz de fortalecer las relaciones internacionales, lo cual produce efectos beneficiosos para nuestra sociedad y para el conjunto de nuestros aliados y la comunidad internacional. El presidente Trump ha invitado al Rey Felipe VI a una visita oficial en abril. Algunos se esforzarán en buscar interpretaciones distintas y más locales a un encuentro entre el representante de la primera potencia y el de nuestro estado social y democrático. Pero el sentido de la visita tiene que ver con el presente y el futuro del orden internacional. 

 José Mª Peredo es Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la UEM

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